Todo el que vive en Vigo sabe perfectamente que nuestro verdadero aeropuerto internacional no está en Peinador, sino cruzando la frontera. El trayecto por la A-3 hasta Oporto es una ruta casi automática para mí. Con los años, he perfeccionado la logística de estos viajes al milímetro: la hora exacta para evitar los atascos al salir, el pago del peaje electrónico y la parada de rigor para un café rápido. Sin embargo, hay un detalle de la ecuación que siempre me ha generado cierto debate interno: qué hacer exactamente con el coche una vez llego a las inmediaciones del aeropuerto Francisco Sá Carneiro.
Para mi próximo viaje, he tomado una decisión que llevaba tiempo rondándome la cabeza. He decidido romper con la rutina habitual y probar uno de esos Parking Low Cost Sá Carneiro que proliferan en los alrededores de las pistas. Hasta ahora, debo admitirlo, solía tirar por el camino rápido y asumía el sablazo del parking oficial por pura conveniencia, o bien me complicaba con combinaciones de transporte menos flexibles. Pero la curiosidad y mi inevitable tendencia a querer optimizar recursos han terminado por convencerme. Al fin y al cabo, el dinero que me ahorro en el estacionamiento tiene destinos mucho mejores; prefiero invertirlo en exprimir al máximo mi viaje o en sumar alguna joya nueva a mi colección de vinilos de techno.
El proceso, sobre el papel, suena impecable y directo. Haces la reserva por internet en un par de clics, introduces la matrícula, los horarios exactos de los vuelos, y listo. La promesa de estas plataformas es muy tentadora: llegas a sus instalaciones, dejas tu coche, y una furgoneta de cortesía de la empresa te planta en la puerta de la terminal de salidas en apenas cinco minutos. A la vuelta, basta con hacer una simple llamada en cuanto aterrizas y te están esperando fuera para devolverte a tu vehículo. Todo esto, por supuesto, por una fracción de lo que cuesta la tarifa oficial de AENA en la versión portuguesa.
Aun así, mi lado más analítico no puede evitar plantearse ciertas dudas logísticas. ¿Será realmente tan ágil el traslado en la furgoneta? ¿Estará el coche seguro y vigilado las 24 horas tal y como prometen en sus páginas web? Cuando dejas atrás tu casa, tu rutina y, sobre todo, te despides de Leo y del gato por unos días, lo último que quieres es añadir una preocupación extra sobre dónde y cómo se queda tu vehículo. En un viaje, busco absoluta tranquilidad mental para poder desconectar al cien por cien desde el momento preciso en que cruzo el control de seguridad.
He estado revisando opiniones y el consenso general parece bastante positivo. La competencia en toda la zona industrial que rodea el aeropuerto de Oporto es feroz, lo que, en teoría, obliga a estas empresas a mantener un estándar de calidad alto si quieren sobrevivir y captar a los viajeros gallegos. En unos días pondré a prueba todo este ecosistema en primera persona. Si el servicio cumple con lo que promete, no solo habré encontrado la pieza que le faltaba a mi puzle organizativo de viajes, sino que se convertirá en mi nueva norma. Esta vez, la aventura comienza mucho antes de embarcar; comienza en el momento en que apague el motor a escasos kilómetros de la pista.